domingo, 13 de septiembre de 2015


¡Óyeme y escucha!

¡Óyeme y escucha!,
lector de revistas, tebeos y diarios,
de best sellers de novelas de Reverte y Ken Follet:
yo no soy un normal humano,
ni corriente ni común,
soy la excepción que confirma todas las reglas,
soy mucho más que un librepensador y autodidacta,
soy aquel que siente como nadie siente,
en su intensidad inconmensurable 
y su extensión sin fin;
no soy un rocker, ni un hippie
ni un okupa ni un skin,
no soy un punky ni un hipster,
no soy un rapero yankee 
ni un pintor de bocha gruesa,
ni un snob ni un retrógrado;
soy un vanguardista clásico
que empuja la punta de la lanza
que nadie quiere ver, sentir,
ni oír ni pensar, ni darse cuenta,
ni jamás poder sentir lo que vivo internamente,
que no se puede imaginar un triste ingestor de opio y láudano;
que no lo aporta el peyote, el LSD, ni  la ayahuasca,
lo que yo siento no lo siente la blanca ni el caballo;
ni siquiera lo pudieran pintar jamás
ni Kush, ni Roerich ni Dalí,
quienes a veces me han ayudado
en mi desdicha sin fin.
Siento un sin fin de colores
que tú no puedes sentir,
de melodías inéditas
que sólo habitan en mí
y todo en un mismo presente unísono;
mis danzas y mis coreografías
no las pueden entender Nureyev ni Alicia Alonso,
son composiciones sin composición
que no pueden interpretar ni Pavarotti ni Jagger,
ni Callas, ni Caruso, ni Freddie Mercury,
ni Caballé, ni Martí, 
ni Vincent Price ni Louis Armstrong,
ni con su sombrero tejano
el singular Sleeppy Labeef.
Yo vivo, creo y siento al mismo tiempo
imágenes visuales, sonoras y conceptuales,
y terremotos internos
de sensibilidad, amor, belleza,
horror, asertividad tierna y empatía
que canalizan el caos y el orden
de un universo sin tiempo, sin espacio,
sin orígenes ni fin, sin futuro y sin pasado;
todo está presente en mí; 
soy la síntesis de la antítesis,
el fin de la dualidad,
sin polarizarme en nada ni nadie;
soy la explicación perfecta,
la implosión, la vuelta al núcleo,
la condensación en la fuente
que se extendió y dio origen al todo,
mas me pesa un peso ingrávido, terrorífico y sutil...
no puedo extinguirme en la nada,
negar mi ser y mi existir;
dios es un brujo malvado
que encerró dentro de mí
todos los secretos y verdades
que no se pueden decir; 
lo quisieron decir todos los poetas,
pero la ignorancia decretada
hacia el Logos del TODO,
todo lo ocultó en mí.
Yo soy el caos del orden
y soy el orden del caos,
la perfección imperfecta
de la crueldad más infinita
y oculta que esconde el existir,
sin haber nacido nunca
y sin nunca poder morir.
Soy el secreto y el tabú eterno
que nunca nada ni nadie
tendrá actitud y fuerzas
para poder descubrir ni abrir.
Las óperas que yo creo y escondo
no son de Orff ni de Mozart,
ni de Hendel ni de Mahler,
son de más allá que el más allá,
en el aquí solo viven en mí.
Soy aquel que siente como nadie siente,
en su intensidad inconmensurable 
y su extensión sin fin, 
puedo abatir la atmósfera con mi puño,
y desterrarla de aquí, 
respirarla y extinguirla
sin perjuicio ni frenesí,
en la paz y en el vacío,
evitarla y despreciarla
para satisfacerte a ti.
Muchos me juzgan y valoran
sin saber nada de mí,
creen que soy un vagabundo estático,
un bohemio y un infeliz,
el paria de todos los parias,
el hombre de luto eterno,
con la mirada triste,
un gótico frustrado 
de traje negro, expresividad extraña,
que me hacen el humano más misterioso,
incomprensible y loco
de la locura más rara,
oscura pura e innata
que jamás ha existido ni volverá a existir;
un imposible, un delirio,
una paranoia molesta e hiriente,
un insólito insolente,
una esquizofrenia triste, peligrosa y ruin.
Cuando, lector amado,
sientas como aquel que nadie siente,
en su intensidad inconmensurable
y su extensión sin fin,
descubrirás toda la poesía del universo,
todo el infinito universo de poesía loca,
que ahora frustrado y triste,
por no saberla escribir,
te abraza, te saluda, te bendice,
y hasta la próxima confidencia,
a este insólito y extraño poema
le va poniendo su fin.
¡Ojalá tu pudieras (aunque como yo, 
no lo pudieses escribir),
sentir como este que nadie siente
en una intensidad inconmensurable
y en una extensión sin fin!
¡Te amo, lector, te amo...!
Cuando descanse esta noche
y un alba nueva torne a resurgir,
en este mundo que todo
es caduco pero cíclico
volveré a escribir locuras ciertas
en este oficio tan grato,
para enloquecerte a ti.


TU PAZ Y MI LOCURA FUERTE TRENZADAS

Tú sabes que mi invasión te colma,
mi fuego te alivia,
mi entrega te sacia,
mi posesión te libera,
mi vida te mata 
y mi muerte en ti calma
y crea y vive un  universo de sosiego 
donde el orden está en nuestro caos,
tu bendición en mi sonrisa,
y tu sonrisa definitiva
en mi silencio,
y en nuestra fusión tu todo,
en mi totalidad tu totalidad
y en mi explosión y en mi extinción en ti
la cumbre de tu placer, de tu victoria y de tu gozo.
Erguida en mi ansia
y sostenida en tu deseo
se amarra a nuestro espíritu una lanza,
su base en el centro de mi cuerpo
y en el otro extremo tú la diriges y la aguantas
con manos fuertes, temblorosas, gimientes,
desnudas y trémulas que esperan 
el madrugar de nuestra danza.
Tú sabes, ves y conoces
un mástil encendido y victorioso
ardiendo en el fuego embravecido
de mi mirada penetrante
y tu mirada receptora
al otro lado
de la inmensa espada enrojecida
que deslizas dentro de ti,
devorando tu corazón, mi espíritu y tus entrañas.
Yo sé que soy el oleaje que te corrige,
que te convierte en infinita magia,
una oscilación y una realidad perfecta
y que te apaga.
Sabes que soy un eterno peregrino,
sediento, famélico y embravecido
que tiene instinto y destino definitivo
en tu morada y entre tus mantas
y que mis anhelos y mis deseos reprimidos
serán cobijados, recibidos y paladeados
en el fondo y en el centro de tu casa.
En la fogata roja y amarilla de tu sala,
todo lo que escondo y todo cuanto sueño
arderá urgententemente
en la base de tus llamas.
Estremecida, transmutada tú en humo y yo en brasas 
surgirás al universo y a lo eterno y a lo etéreo
y yo seré el testimonio satisfecho y perfecto 
de cenizas esparcidas y regadas en tu cama,
grises, apagadas e impolutas,
perfumadas por tu éter liberado y victorioso,
dibujando más de  mil senderos
en tus sábanas blancas,
en donde me esperaste
para hallar la perfección y la liberación
de tu deseo, tu amargura, tus llantos,
tus mugidos, tus alaridos y todas tus torturadoras
e incomprendidas e incompasibles y gigantescas,
empapadas en lágrimas
de llanto de hembra colosal,
tus hasta ahora 
inconmensurables ansias.  
















La Tesis de los Sueños, por José Ángel Graña Abad

La Tesis de los Sueños, por José Ángel Graña Abad
LA DESESPERACIÓN ATRIBUIDA A GRAÑA
(EN TRIBUTO A LA DESESPERACIÓN, ATRIBUIDA A  ESPRONCEDA)

Somos excreta de gusanos,
víboras, hienas, Fuentes del mal,
crías descastadas de espíritus demoníacos;
¡El plan divino es un sarcasmo!
Somos lágrimas, heces, angustia,
llanto, nerviosismo, tristeza infinita,
lacayuelos de una Fuente de basura,
rameras borrachas y enjutas
en cuyo vientre viven abortos podridos,
nidos de odio, que se bañan y disfrutan
en pozos negros, aguas fecales oscuras
y opacas de ríos de hiel sin fondo,
somos abortos ensangrentados hijos del mal
y de la ilusión del bien imposible
y escondida en el infinito más imposible y más lejano.
Somos hostias negras,
somos hisopos de lodo y barro;
somos báculos rotos, somos mitras
en la cabezas de hidras esposas de los demonios,
y turbantes negros de payasos tontos
en el circo de los globos de mocos
y de los ascos.
Soy yo, el dual,
el ying infinito y el diminuto y minúsculo yang;
soy el equilibrio reinante
en este universo desequilibrado.
Soy el espejo de la realidad,
me doy miedo y se me erizan los cabellos,
soy la poesía de las flores podridas,
soy el poeta de lo divino con dos cabezas enfrentadas
y de lo humano descabezado.
Soy los sesos del esquizofrénico,
las neuronas de la paranoia
las dentritas del terror,
los trazados eléctricos de un viscoso cerebro
destrazado y destrozado.
Yo me repugno, yo me tengo miedo,
yo me hago daño, soy el último suspiro
silbante y hueco del ahorcado.
Soy un ángel bueno ardiendo en la hoguera,
soy la tea del sentimentalismo y de lo romántico;
soy otro yo tuyo, soy otro de ti,
soy la desesperación del que no ha nacido,
y soy el condenado que renegando
de la vida y la existencia,
visto grilletes en la mazmorra
de la desilusión y el ser infinitamente
todo el tiempo en el tiempo que nace y nace
geométricamente sin el consuelo
del final y del descanso.
Soy la aspiración de la perfección,
soy pues la imperfección, la angustia eterna del ser eterno,
de la bondad limitada y la maldad sin límites,
soy el universo, el caos y la derrota definitiva
del infinitamente herido y desdichado.
Yo soy aquel igual a ti e igual a todo,
que busca lo que no existe, porque existe todo,
excepto la consecución de la aspiración de lo deseado,
y me rompo y me derrumbo
al estrellarme en el eco sordo de mis pasos.
¡No, no me tengas miedo,
sólo soy un poeta, un payaso
en el circo eterno de los que sufren y los fracasos!,
que somos todos cuantos estamos,
y estamos todos, somos el todo,
somos el principio eterno en este fuego
en el que desdichadamente no existe el ocaso.
¡No me tengas miedo, dame la mano,
soy un poeta, soy un payaso,
o no, bendito y maldito lector hermano!