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domingo, 25 de julio de 2010

CLAUDICACIÓN.

Yo no quiero
ya que ninguna,
que otra más
pinte mi cielo,
pues yo vivo aquí en el suelo
bajo fango y sobre piedras,
y esa manchas figuronas
fueron siempre púas de acero,
y entre acero y entre piedras,
rebotando en ese juego,
se partió mi corazón.
Yo no quiero
que ninguna,
que otra más
manche mi cielo,
pues mi vida está en el suelo,
y ese cielo insinuado
querría algo de mi pecho
y ya no queda corazón.
¡No!... que otra más
manche mi cielo;
pues la vida entre fango
y sobre piedras
es costumbre de hace tiempo
y no quiero otra aventura
que haga que mi propio cerebro
se carcajee de ese hueco
donde ya no hay corazón.
Yo no quiero que ninguna,
que otra más pinte mi cielo
y lo borre con traición,
o lo vea yo de cerca
y se apague la ilusión,
enturbiando el frío cerebro,
y no me queda corazón.
Yo sólo quiero soñar solo,
sueños fríos y sutiles que se olviden fácilmente,
para así volver a soñar
los caprichos de mi mente,
que yo debo de apurar,
quiero estar solo en el juego
de jugar soñando sueños,
pues sólo me queda el frío cerebro;
yo no tengo corazón.
Y si donde
habite el olvido,
en algún lugar siniestro
queda una hembra amante
que a mi lado venga a dar,
que prosiga su camino,
pues yo hueco en este mundo,
no podría mirarla a los ojos
y separar los labios
para decirle que no tengo corazón.