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domingo, 25 de julio de 2010

SOLEDAD Y SOLEDAD

Si te abrasa en el rostro
la llama de la antorcha
que alumbra esta larga, negra,
tan confusa y de horror
noche de tu vida,
que parece no respetar
la llegada de un nuevo amanecer,
déjame que camine junto a tí
para humedecer tu cara con mis besos,
y espera conmigo un alba,
que está condenada a nacer
y a ser testigo
de como la iluminas de nuevo
con tu mirada, mientras te adoro;
si tienes fe en quien vive en ti
el motivo tan grande y tan solo
de su vida,
si tienes la fuerza y el amor de renuncia;
¡ámame con esa fuerza!,
y sólo querré lavar tus pies
con la última gota de mis venas;
no permitas que tu agonía
queme en cenizas mi cuerpo y mi espíritu;
si las espinas, calientes, crueles, secas,
que humedecen tus pies desnudos
al caminar, te hacen buscar
otra senda...
perdido, desnudo,
a un lado del camino,
en un nido de zarzas entre la maleza,
en una noche eterna y fría,
atado, impotente por las espinas
que cambiaron tu camino,
gritaré afónico,
con la sangre bullendo
en mis labios resecos
(que nunca tanto amé).
Nunca podré pensar
mas que ese pensar eterno,
en el bosque del horror,
donde las almas insatisfechas
vagan tropezando para siempre sin final;
mientras anhelo sea para siempre
un calor plácido en tu pecho,
que sonría en cada latido de tu corazón.

jueves, 22 de julio de 2010

TENGO MIEDO. DEPRESIÓN

Pienso en el mañana,
y tengo miedo, ilusión y esperanza
ante la vida;
mientras fijo la mirada
en el techo de mi cuarto,
de madera vieja y apolillada,
tengo miedo y esperanza ante la vida;
vuelvo la cabeza hacia la bombilla
y sus destellos ciegan
mis ojos cansados por el insomnio,
mientras sigo pensando
recostado sobre la almohada blanca
de flores azules apagadas,
y siento miedo ante la vida.
En el mismo cuarto de siempre,
mientras fumo el último cigarrillo de la noche
y me recreo en la contemplación del humo,
una tos quebradiza de esputos
me dice que siento horror ante la vida;
el pitillo sigue ardiendo
en el cenicero de cristal
colocado sobre la silla;
un montón de libros
que suponen esfuerzos inútiles
de lecciones ya olvidadas
me rodean.
Me cubro con la ropa,
y al mirar la puerta despintada
siento miedo al saber que mañana
tendré que volver a abrirla
y vagar por este mundo
que me atormentará un día más;
¡qué tristeza la del que no puede
morirse por la noche
y decirle, por un momento, adiós a la vida!
Siento miedo como ayer
y como mañana,
sin que exista ni el antes ni el después,
porque no existe nada para el que llora
mas que lágrimas.
Estoy muerto y ...
siento miedo ante la vida.