jueves, 21 de enero de 2021

 

DICHA Y GLORIA

 

Tal vez, Gloria,

jamás existió, jamás se dio,

nunca se creó más grande amor

ni mejor, tan dichoso,

tan denso y sutil,

tan pacífico y extenso

y tan sublime dolor,

tan extensa herida

y un sufrimiento tan febril, 

lleno de frenesí y absoluta satisfacción,

como este rayo

que  todo nos abarca,

y que nos une a los dos,

al saber que nos queremos,

que nos amamos tan selvática,

tan místicamente, 

tan omnipotentemente,

y que está en nosotros

tan salvajemente

y tan dulcemente atado

mi corazón al tuyo,

y tu corazón a mi corazón;

¿he dicho corazón?,

no, pues no, los corazones,

los cuerpos,  los intelectos, 

y las mentes más inmensas

¡son tan pequeños 

para abarcar esta unión

en la distancia,

pero sin distancia alguna,

entre tu espíritu y mi alma,

ente mi alma y tu espíritu,

entre lo que tú eres 

y lo que yo soy!

No hay cabida ni hay espacio,

sabemos que nos amamos

ciertamente y sin error,

no es un sueño de dos niños,

no es quimera

tantas veces escrita

entre la princesa más bella,

entre la reina más sabia

y el poeta más perdido,

que al saberse por ti 

tan amado y tan querido,

por primera y definitiva, 

y eternamente se encontró,

en un amor perfecto

para emborrachar

este único corazón,

esta única herida,

tan suave y tan tibia,

de color de rosa pintada

por sangre que compartimos,

tan llena de satisfacción,

que nos mezcla y que nos nutre,

y que es una sola sangre,

con olor a pétalos de rosa,

tal cual y de única forma,

y de la mejor manera

la sangre de nuestro amor, 

como los místicos se unen

sin querer y sin saber,

toda ciencia trascendiendo,

a la mirada de Dios.

Te debo una canción

y un cuerpo a cuerpo,

mojada y mojados

de lágrimas mil,

un número sin fin de besos,

y también de versos,

un millón, todos los versos

del mundo que conviertan

en poesía tan brillante,

blanca y pura que nos desposen

con el océano entre nosotros,

cada cuerpo en una orilla,

y en cada verso el beso,

ese tan dulce y primero,

suspirando de pasión,

blanco entre tus labios rojos

y tu vestido de nieve

y mi traje nevado e incólume

por las canas de mis sienes

y la claridad que hay

en nuestras almas,

esa luz blanca e inagotable

con la que alimentamos el sol,

y la brisa que eriza el cabello

en tu orilla, y que llega 

hasta la mía con el olor

del mar y su sal

glorificando, mi Gloria,

esta unión de nuestros espíritus

que nos regala el cielo,

en el que por siempre seguirá

viviendo y reinando,

de forma total y pura,

la más bella de las formas

de amar sin condición ni límites,

como nos amamos tú y yo,

de manera tan serena,

como tú dices, "en demasía",

con tanta firmeza y con dolor,

trascendiendo el sufrimiento, 

al tatuar en tu piel esta canción,

esta poesía que se avergüenza,

de no alcanzar tanto mérito,

como el valor desmedido

del amor que nos tenemos,

mientras los dos al unísono,

la rezamos a viva voz,

y con una voz sola,

tuya y mía, de los dos,

la voz que se levanta,

que se yergue y surca

el azul del mar y el cielo

de dos amantes pletóricos,

que con tanta dicha transmutan

el amor que nos une, 

para siempre y con firmeza

nuestro ser en uno solo;

¡bendito sea nuestro dolor,

nuestra paz y nuestro anhelo,

bendito nuestro sufrimiento,

bendito sea para siempre

el amor de la Reina Maya

y del que escribe estos tus versos,

que siempre anheló

y que esta noche

por un milagro del cielo,

y de una sola musa

que eres tú, creó

la oración de nuestro amor.




¡Dios te bendiga virgencita,

te amo, Gloria, te amo,

y esta ha sido tu poesía,

mi canción,

y nuestra oración!

 

Tú poeta, el que escribe

sobre tu piel,

Ángel,

sí, tu Ángel,

el ángel que así te adora

a ti, Gloria,

¡a ti, 

mi Diosa, 

 

que me regalas y me permites

ser en tu corazón tu Dios!

 

 

 

 

lunes, 13 de abril de 2020

BORRADOR DE LA POESÍA  

"ALMA AUTOINMUNE O ¡PUEDO 

ESCRIBIR LOS VERSOS MÁS TRISTES 

ESTA TARDE!"



¡Me duele el alma, compañero...!

Tanto me duele, pero tanto, tanto... 

que se ha marchado, ha huido

a un valle de lágrimas

y de sepulcros un cementerio;

a recoger corazones, 

mentes y cuerpos,

y vaga y yerra,

perdida, ciega y sorda, 

desorientada, desesperada,

sin templo ni reino, 

ni nicho ni cueva,

ni hoyo ni agujero,

ni mundo ni lágrimas,

ni corazón, ni mente,

ni cuerpo de asilo,

albergue frío

para este día y esta noche;

sin tener abiertas puertas,

ni sitio, mesa, 

ni silla, ni lecho,

en el más hiperbólico,

exagerado y total,

absoluto y extremo

punto final

de un inconcebible e ignoto infierno.

¡Me duele tanto el alma, compañeros...! 

que su horrible dolor

quemó, incineró 

y extinguió mi corazón,

mi mente y mi cuerpo;

mi cuerpo con fuego

de la fragua de Vulcano; 

mi mente con ácido

implacable y sádico,

y mi corazón con un frío

cortante y mucho más helado

que el hielo cósmico

del confín y el polo,

el rincón inhóspito,

escondido, cerrado y extremo

y desconocido del universo.

Y yerra errática,

sin vista ni oídos,

ni tacto ni olfato,

ni gusto posible,

para encontrarse a sí misma

y aferrarse a algo

que sea diferente

de la angustia,

la pena y el sufrimiento.

Huyó, se marchó tan lejos,

más lejos que lejos,

a buscar un cuerpo,

un corazón y una mente adoptantes,

en un mundo extraño,

incognoscible e imposible

de otro universo. 

Me duele, amigos...

mamá, papá, hermanos,

hijas, abuelas, vecinos

y bien amados todos los seres

sintientes y no sintientes

de este mundo.

Y no volverá, no regresará

más, nunca más,

ni habitará ningún lugar; 

será en sí misma un mundo,

un lugar, un pensamiento

y un sentimiento

condenados a ser

el más triste y extremo,

solo e ignoto

de todos los infiernos.

Tanto me dolía

que se perdió y se abandonó

a sí misma, huyendo sin encontrar

ni la extinción ni el ser,

ni el espacio ni el lugar,

ni el inverno, ni el tiempo;

y permanecerá sin ser más que el dolor,

la angustia y la pena,

la tristeza y la desesperación

de quien soy y ya no soy yo,

un ser ajeno a su cuerpo,

a su mente y a su corazón.

Aquella alma huérfana,

se fue, se marchó

y no volverá jamás.

Dios me dijo

que tenía mucho dolor,

aquellos que fuisteis

todos y tantos, compañeros, 

la tarde de los versos más tristes

jamás escritos.

 

 

 

 


jueves, 2 de abril de 2020

VERDE COMO EL TRIGO VERDE…
NEGRO COMO UN CUERVO MUERTO

Moriré un día pronto
entre nubarrones negros;
sólo aspiro a morir pronto,
vivir más ya no quiero.
Sólo quiero que llueva
el día de mi feliz entierro,
que las lágrimas de lluvia
estén en todos los rostros,
las lágrimas con sal matan,
la lluvia limpia y barre el suelo.
El homenaje a quién sólo supo llorar
y no pudo reír
debe ser un día húmedo y mojado
que lave chubasqueros negros.
Que me entierren en la tierra,
que no encierren mi cuerpo
en un nicho de cemento,
ni me incineren, me da miedo el fuego,
y que siembren flores sobre mi tumba,
no las quiero tronchadas y en coronas,
manoseadas y muertas,
acariciando una tapia
y homenajeando un muerto.
Quiero que me de homenaje
un tibio y frío recuerdo.
No pude amar la vida,
me suicidé en cada intento,
cada poesía fue un desgarro,
un muro a la esperanza cada párrafo,
cada día una noche de luna nueva,
cada libro un suicidio,
una lágrima cada verso;
la canción más triste del mundo mi vida,
cada paso una rotura
de mi ilusión, mi esperanza y mi aliento.
Que me hagan una misa
cada veintiocho  de enero.
El día que yo nací
la helada quemaba sin piedad el firmamento.
Una misa sin oraciones,
sin plegarias y sin rezos,
sólo granos de maíz y migas de pan
y una bandada de cuervos,
y besos a las flores
que nazcan sobre mi féretro.
Adiós amigos hermanos;
sobre las nubes negras
vuela un ángel negro y solo,
negro-carbón como mi vida…
negro, solo, triste como un cuervo muerto.








domingo, 13 de septiembre de 2015


TU PAZ Y MI LOCURA FUERTE TRENZADAS

Tú sabes que mi invasión te colma,
mi fuego te alivia,
mi entrega te sacia,
mi posesión te libera,
mi vida te mata 
y mi muerte en ti calma
y crea y vive un universo de sosiego 
donde el orden está en nuestro caos,
tu bendición en mi sonrisa,
y tu sonrisa definitiva
en mi silencio,
y en nuestra fusión tu todo,
en mi totalidad tu totalidad
y en mi explosión y en mi extinción en ti
la cumbre de tu placer, de tu victoria y de tu gozo.
Erguida en mi ansia
y sostenida en tu deseo
se amarra a nuestro espíritu una lanza,
su base en el centro de mi cuerpo
y en el otro extremo tú la diriges y la aguantas
con manos fuertes, temblorosas, gimientes,
desnudas y trémulas que esperan 
el madrugar de nuestra danza.
Tú sabes, ves y conoces
un mástil encendido y victorioso
ardiendo en el fuego embravecido
de mi mirada penetrante
y tu mirada receptora
al otro lado
de la inmensa espada enrojecida
que deslizas dentro de ti,
devorando tu corazón, mi espíritu y tus entrañas.
Yo sé que soy el oleaje que te corrige,
que te convierte en infinita magia,
una oscilación y una realidad perfecta
y que te apaga.
Sabes que soy un eterno peregrino,
sediento, famélico y embravecido
que tiene instinto y destino definitivo
en tu morada y entre tus mantas
y que mis anhelos y mis deseos reprimidos
serán cobijados, recibidos y paladeados
en el fondo y en el centro de tu casa.
En la fogata roja y amarilla de tu sala,
todo lo que escondo y todo cuanto sueño
arderá urgentemente
en la base de tus llamas.
Estremecida, transmutada tú en humo y yo en brasas,
surgirás al universo y a lo eterno y a lo etéreo
y yo seré el testimonio satisfecho y perfecto 
de cenizas esparcidas y regadas en tu cama,
grises, apagadas e impolutas,
perfumadas por tu éter liberado y victorioso,
dibujando más de mil senderos
en tus sábanas blancas,
en donde me esperaste
para hallar la perfección y la liberación
de tu deseo, tu amargura, tus llantos,
tus mugidos, tus alaridos y todas tus torturadoras
e incomprendidas e incompasibles y gigantescas,
empapadas en lágrimas
de llanto de hembra colosal,
tus hasta ahora 
inconmensurables ansias.  
















La Tesis de los Sueños, por José Ángel Graña Abad

La Tesis de los Sueños, por José Ángel Graña Abad